La luz y la visión

La luz es física, pero también es metafísica, muestra los engaños de nuestra “percepciones” ontológicas sobre el espacio y el tiempo, la distancia y la extensión. La visión, por su parte, es un proceso en el cual cierto sustrato de lo cognoscible muestra algo de su esquiva faz.

Todo está invertido

El cerebro gira la “imagen” que la luz lleva a nuestros ojos. De modo que la “realidad” se muestra a sí misma como lo que nosotros entenderíamos como cabeza-abajo (como ocurre en una cámara oscura). Algo que somos incapaces de concebir de ninguna manera, lo cual muestra algo esencial que se nos escapa.

La vida ha evolucionado con este “truco” desde hace tanto, que es inimaginable para nosotros el estado contrario. Uno se podría preguntar por la necesidad de semejante “truco”, seguramente se nos respondería con algún tipo de respuesta ad hoc como que resulta de alguna ventaja adaptativa, etc.

“Sabemos” que la tierra está debajo de nuestros pies y el cielo encima de nuestra cabeza, pero la luz se empeña en mostrarnos las cosas de otro modo y es nuestro intelecto el que tiene que actuar para devolver ¿el orden?

Kepler: “el alma endereza la imagen”

La simple idea de que la realidad realmente esté configurada con el cielo del planeta Tierra donde ahora vemos nuestros pies pero, que nuestra cabeza sigue estando “arriba”, es una aberración inconcebible. Apenas podemos hacernos una representación visual de esa descripción de la realidad. Parece que no lo podemos concebir porque hay una serie de sentidos que nos mandan percepciones contradictorias al respecto: la sensación auditiva y de equilibrio con la información lumínica. Al final nuestra percepción habitual de la realidad parece un “arreglo”, un acuerdo o negociación entre varias posibilidades.

Imaginar esta situación inimaginable nos depararía un dolor de cabeza, pero el hecho de ser inasible a los sentidos no es prueba en contra suya. Más bien puede servir de cierta refutación de los sentidos.

Y este es solo un comienzo de lo misterioso e inexplicado hasta ahora de la luz y su funcionamiento en nosotros. La ciencia ha prescindido de estos problemas, seguramente por ser demasiado especulativos, y no tener un encaje claro en una visión positivista y operacional. En cierto sentido no interfiere ni en una interpretación de la luz para la física ni en una interpretación fisiológica de la visión. ¿Por qué habría que prestarle, por tanto, atención?

La luz creadora del espacio

La luz viaja “abriendo espacios” y sin embargo somos nosotros los que creamos la sensación de distancia entre las cosas, es posible que en la “realidad en sí” todo esté amontonado y junto, lo más cercano junto con las constelaciones increíblemente lejanas.

Ese “abrir espacios” de la luz puede ser el origen de nuestra percepción de espacio y en consecuencia de nuestra propia intuición de espacio. Sin embargo, no es menos cierto que la intuición espacial está también íntimamente relacionada con la del tiempo, con la diferencia y con la proporcionalidad.

La luz crea la realidad, y además es lo que “siempre” no está, pues cuando ha llegado ya se ha ido y sin embargo está en todas partes, llenando gigantescas extensiones, que desafían el concepto de extensión y de propia existencia. ¿En qué sentido existe algo que no estando nunca (por estar en un movimiento perpetuo y rapidísimo) está ocupando todas las extensiones del espacio?

¿Pasará lo mismo con el tiempo? ¿Estarán todos los sucesos amontonados ya? ¿Es nuestra percepción la que genera la sucesión temporal? ¿Qué pasaría entonces con la causalidad de los hechos y su sucesión? Para la luz no existe el tiempo, ¿No existe por tanto el espacio tampoco?

La cuestión de la perspectiva

La perspectiva visual nos muestra como los objetos visuales se alinean en un cono que va cerrando su radio hacia un grado cero en su punto más lejano.

Para mí es un misterio que se produzca este efecto, ¿Por qué se organiza la realidad de tal forma “ante” nosotros? ¿Es provocado por el sujeto?, o bien ¿sigue la realidad la geometría más simple por que equivale al mínimo esfuerzo para el mundo material?

¿Es realmente algo auto-evidente que los objetos se vuelvan de menor tamaño con la distancia? ¿Por qué no nos aparece todo “amontonado” sin espacio entre sí? ¿Creamos nosotros el espacio? ¿Tiene que ser necesariamente así?

En el fondo la idea proviene de una hipótesis y genera una duda.

Hipótesis: los rayos de luz llegan al ojo en línea recta, o bien sólo captamos los rayos de luz que llegan en línea recta.

Duda: ¿Por qué no captamos los rayos, la información, etcétera, que no nos llega en línea recta?

¿Si pudiéramos ver la totalidad que nos rodea en un giro sobre nosotros mismos formaríamos la gran esfera del ser? Si es así, ¿Somos nosotros el centro de esa gran esfera? O ¿Somos nosotros los visionadores de la gran esfera del ser como ocurre con la intuición intelectual del todo?

¿Funciona la visión y la luz como un espejo “invertido” de la realidad de la conciencia? O bien ¿el sujeto crea el orden y las proporcionalidades como crea la perspectiva? ¿Cómo pueden coincidir el visionar y el conocer sino es por que parten de la misma estructura?

Porque el conocer no es solo conocer la causa de algo, sino su devenir, y para ello se necesita de la perspectiva que la capte.

La gran esfera del ser es, aparentemente, una visión ideal, ya que habría que salir de toda la realidad para poder verla, para una conciencia “inmersa” en la realidad la imagen más exacta sería la de un “gran anillo del ser”, que le rodease de este modo.

La luz como información o mensaje

Pero, si como suponemos, un objeto emite luz en todas las direcciones y en todas las dimensiones del espacio ¿Cómo hacemos para “eliminar” todas aquellas que no son importantes para nuestro campo de visión? ¿Cómo discrimina nuestro cerebro? ¿Crea él nuestra percepción visual dentro de este caos de emisiones?

¿Cómo nos llega el mensaje?

¿Cómo una estrella a millones de años luz emitiendo en las tres dimensiones del espacio nos proporciona solamente la información/emisión de un tamaño minúsculo cuando la emisión debe haber crecido por el espacio a un tamaño descomunal?

¿Qué parte de esa emisión llega a nuestros ojos? Una parte ínfima, insignificante y, sin embargo, contiene toda la “información” necesaria para hacernos una “idea” de toda la estrella. ¿Qué naturaleza tiene esa “información”?

Una estrella lejana no deberíamos verla como un objeto brillante ínfimo sino como una inmensidad de luz (quizá tenue) junto a otros millones iguales, eliminando esa sensación de espacio vacío. No obstante los instrumentos ópticos tienen que ser “dirigidos” rectilíneamente hacia el objeto celeste en cuestión para captar sus emisiones y discriminar, por ejemplo, su composición atómica.

Entonces, ¿Hacemos una selección de lo que vemos? ¿Concentramos esos rayos lineales como un cono hacia nuestros ojos? ¿Se concentran ellos al saber que hay un “ojo”, un “tragador de luz?

Por otra parte, una simple cámara fotográfica parece realizar la misma selección, la imagen se forma independiente de nuestra conciencia, eso aparentemente.

No obstante, ¿No podría realizar nuestra conciencia la misma discriminación ante una fotografía que ante la propia realidad directa? Esto implicaría que en una fotografía no estaría lo que nos parece que está sino algo muy distinto, pero que los seres humamos hemos aprendido a discriminar. ¿Qué hay en una fotografía si nadie la está mirando?

La cámara oscura, fundamento de la cámara fotográfica es también una forma de “concentrador” de la luz.

Lo que parece que quiero decir es que tanto el cono de visión como la propia perspectiva son “creadas”, o son constitutivas del sujeto que visiona, pero no necesariamente forman parte de la realidad en sí.

Lo que todo esto puede implicar es que lo que realizamos con la luz y la visión es una forma analógica de lo que realizamos con la conciencia y con la realidad. Al igual que con la luz “desplegamos” el espacio, nuestra conciencia despliega el tiempo y la causalidad, de una realidad “bruta” que estaría naturalmente plegada sobres sí misma.

La metáfora de la conciencia como un ojo interior tendría su sentido aquí: ya que la experiencia de la luz nos ha enseñado a generar la percepción del espacio.

Siguiendo este funcionamiento para un ojo, (conciencia) el todo, es una esfera que podría ser abarcable potencialmente ya que el ojo/conciencia actúa como un “embudo”/cono total para toda la realidad que se presentaría ante él como una inmensa esfera.

Sin embargo, nuestra conciencia es un cono-conciencia y aplica a la realidad la siguiente configuración:

Para un observador cualquiera el espacio inmensamente grande (y alejado) constituye el pasado. El futuro es lo infinitesimalmente pequeño, inabarcable por insignificancia.

El presente sería el espacio únicamente que podemos “habitar” de forma inmediata. El cono espacio-temporal. También podríamos hablar del cono de la intelección. Que solo se forma donde el cono de nuestro “habitar” le permite.

Una aproximación geométrica de la luz y la visión

  1. Cada punto de emisión lumínica emite innumerables rayos, fotones, etc… en todas las direcciones posibles por la geometría y la propia superficie física.
  2. El ojo, el cerebro, “interpreta” cada uno de esos “enfoques” direccionales emitidos y recibidos.
  3. De modo que aplicado al ejemplo de la estrella que se encuentra a millones de años luz, la luz que llega a nuestro ojo se reconstruye una diminuta esfera, ya que “sólo” percibimos, interpretamos aquellas, ondas, partículas que tienen, siguen la angularidad rectilínea que coincide con la de nuestro propio ojo y posición.
  4. Todo el resto de energía luminosa, (cuasi infinitos rayos) en todas direcciones son ignorados, borrados.
  5. Por lo tanto, es como si las ondas, partículas luminosas fueran como flechas: activan en el ojo mucha información si lo alcanzan en línea recta (con la punta diríamos), perdiendo información si no te alcanzan así.
  6. Luego ¿Qué ocurre con las ondas, partículas que no nos alcanzan en línea recta pero que están muy cerca de nosotros? ¿Por qué no percibimos nada de ellas?
  7. ¿Por qué no vemos el “envés” de los objetos, su emulsión de ondas, partículas hacia el lado contrario?
  8. ¿O bien es que la visión es una especie de fenómeno cuántico, de tal modo que es el ojo y su presencia la que desata la emisión hacia sí?
  9. ¿El otro lado que no vemos de los objetos en realidad existe como emisión?
  10. Objeción: si colocamos una cámara de grabación en la parte “envés” del objeto que yo no veo, en ese instante la cámara sí que capta dichas emisiones.
  11. Entonces ¿Solo se pueden interpretar, “ver” las emisiones que nos llegan en línea recta o se pueden interpretar todas? Es decir ¿podemos ver lo que no está en nuestro ángulo?
  12. En definitiva ¿Por qué solo podemos colapsar la realidad en línea recta? ¿No podemos interpretar las emisiones “curvando” el ángulo para ver allí donde no podemos

Una precaria conclusión

La visión es una conformación intelectual, no depende exclusivamente de la luz o del ojo. En definitiva ver es mucho más que absorber radicaciones fotónicas.

Pero a la vez, la luz es uno de los elementos reveladores de esa configuración intelectual. Tiene un cierto privilegio, el de mostrar cierta conformación intelectual y de la propia conciencia.

Por otro lado, la cámara oscura es una forma de “doble rendija”. Con un solo agujero se forma la imagen, con dos sólo entra “luz”. Es como si la realidad solo se configurase (la imagen) y su espacialidad ante un cono de visión. Permaneciendo amorfa o informe cuando no hay “concentración” sino dispersión. Al igual que nuestro “cono de intelección”, que solo se forma donde el cono de nuestro “habitar” le permite.

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