La riqueza y sus símbolos

Alcanzar la riqueza y huir de la pobreza es el intento mismo de escapar a la muerte. El oro y el boato nos alejan de la muerte, la pobreza, por su parte, nos acerca a ella.

El oro es la iluminación, es el mundo espiritual, la promesa de la eternidad. Es el mundo celeste, también, inmutable y perfecto. Brillos, como los de las piedras preciosas, son divinos. Son marcas y enseñas de la inmortalidad.

Las pieles de los animales sagrados simbolizan el dominio de la naturaleza y la preeminencia sobre los demás seres humanos. Todavía nuestros automóviles están inspirados en su diseño en el mundo animal, especialmente en su fiereza, dinamismo o líneas corporales o faciales.

Nos encontramos ante toda una simbología atávica y profunda que sigue rodeando al poder, aún hoy. No ha desaparecido sigue vigente, trasciende lo racional y sigue relacionando el antiguo mundo corruptible con el inmutable.

Los signos de la riqueza son reclamos sensibles que pretenden alejar la miseria, como talismanes que apartan la muerte. Son signos de una naturaleza que se pretende menos expuesta a la destrucción y al deterioro.

Masculinidad y gimnasio

Cuando las máquinas dominan la producción, lo masculino en su excrecencia quiere renovarse a través de su apariencia: el gimnasio.

Solo en su estética puede el cuerpo masculino competir con la energía productora de capital de la máquina. Como promesa de un dominio que se pierde pero que puede retornar en forma totalitaria y anacrónica.

La clase social de los trabajadores fabriles, industriales, blancos de occidente se ha convertido en una clase conservadora. El propio desarrollo de las fuerzas productivas, la dinámica histórica les ha pasado por encima. Conservadores, porque sienten que su posición central en la producción, en el hogar y en la sociedad se ha desplazado.

El trabajo intelectual, los bajos salarios, la deslocalización, la producción robotizada… elementos que se convierten en palancas de modificación de la propia sociedad. De este modo, el inmigrante, la mujer, el homosexual, se convierten en imágenes reflectantes de su propia “deslocalización de la posición central”.

El trabajo está precarizado, los salarios son insuficientes para sostener una familia, en el hogar ya no se reina.

No obstante aún queda la masculinidad como racionalidad tecnológica o inteligencia técnica.

Si bien lo masculino era en el sacerdote la clave de unión con el mundo divino (en la mujer sólo al precio del celibato), en la inteligencia tecnológica aún cabalga el músculo masculino en forma de dominación.

La historia del poder en Europa es la historia de la “sangre”

La historia del poder en Europa es la historia del poder de la “sangre”. Llevada hasta la cima por la nobleza de los pueblos “bárbaros” y sus sistemas de elección de herederos de sangre. Empujada hasta el interior del propio Imperio Romano.

La pureza de sangre de la España inquisitorial, así como el nacimiento de las naciones modernas como comunidades de sangre, son sus consecuencias históricas. Y después, la llegada de la biología y las razas. Todo un largo camino histórico que impregna Europa.

¿Cómo hubiese sido el poder sin esa aportación? La antigüedad greco-romana no lo hubiese entendido plenamente: “la importancia de la pureza de la sangre”.

La sangre es carne, parentesco, familia, filiación, son nombres propios, árboles genealógicos. Pero es mucho más, es una inclusión-exclusión que se ancla en un mundo natural apenas existente como entidad durante la antigüedad y la Edad Media.

La idea de especie

La idea de “especie” (humana, animal, etc.) de la ciencias naturales de la ilustración es el marco de las ideas humanistas, son su límite y marco. Antes de la especie había cristiandad, moros, francos, hispanos, que se yo, que en cierto momento se dieron la mano en el “hombre” humanista, para crear un sustrato de la “humanidad” primero y luego la inmersión en la naturaleza.

Que la especie adquiera un valor de conocimiento superior al conocimiento autorreferencial de “romano”, “galo”, “hispano” o “turco”, incluso al de “cristiano” o “sarraceno”, estos últimos religiosos y que consiguieron un notable éxito como conceptos organizadores de una mayor dimensión que los anteriores y solo comparables al de “ciudadano romano” de la antigüedad tardía. Eso fue un logro.

Repito, que la especie adquiera un valor de conocimiento superior indica ya un proyecto de conocimiento, de organización y de poder de notable altura, no como idea, sino como victoria para la historia.

Entre el “humano” cristiano que tiene alma y el “ser natural” se configura la idea de “humanidad”.

5/08/2018

¿Cuándo algo empieza a ser un sonido?

Probablemente no exista algo así como un silencio absoluto físico, (y tampoco un sonido absoluto) pero podemos, no obstante, presumir que para nuestra percepción habitual: el sonido es aquello que irrumpe sobre un lienzo previo que solemos denominar silencio.

La capacidad de contrastar “marcos de percepción” nos permite crear incesantes lienzos sonoros que pugnan unos con otros para llegar a tener sentido por sí mismos. En juego con las intensidades podemos fijar la atención por encima o por debajo para centrarnos en un paisaje o conformación determinada.

Y es de esta manera como creamos “silencios”, por vaciamiento de lo previo gracias a la “atención a lo nuevo”. Y así, por contrastación con un “absoluto silencio” ideal, comienzan los sonidos a aparecer como entidades independientes y significativas en un cosmos propio, que generan y del que forman parte.

Es importante notar que el marco sonoro o el lienzo, si nos resulta más clarificadora la imagen, no aparece previamente y al margen, sino que es creación del propio sonido, su consecuencia. Cada sonoridad crea su entorno y su marco, esa es la magia.

No es por tanto un sonido una entidad física o fisiológica sino una acotación intelectual. Dentro de la amalgama casi caótica de cualquier percepción natural, necesitamos filtrar, por así decir, para preparar la captación, crear un marco siempre diferente en el que al fin aparecerá el sonido, con determinación propia.

Pero podemos recorrer el camino inverso y generar un “entorno” ya en sí abstracto y casi vacío que podemos llenar de elementos simples para entender así su cristalización en sonido y el significado que aportan a ese entorno.

Podemos comenzar por la génesis de un sonido, por su atomicidad primera, por el primer impacto que nos inocula significado e intuición.

La geometría nos ayuda a recrear las interacciones más puras, las proporcionalidades más sencillas, aquí es donde entra en juego la síntesis de sonido, que nos permite “purificar” sonidos. Recrear las tensiones energéticas más sencillas para “verlas” funcionar en un espacio de sonoridad.

Se sigue de este concepto de acotación intelectual del marco sonoro, que debe haber algunos elementos que “signifiquen” o que tengan “sentido” por sí mismos. Es por ello que se hace necesario buscar dichos elementos primarios o al menos aquellos que podamos identificar como primarios y esenciales.

Por lo tanto, algo comienza a “sonar” cuando alcanza su independencia del ruido de fondo absoluto y cobra entidad, cuando adquiere consistencia y comienza a tener un significado autónomo.

Así que es consecuencia inevitable según este marco genético sería comenzar con la contrastación de la pureza y la organicidad.

(Estados de Sonoridad)

Conciencia-Realidad

¿Hemos conocido alguna vez la realidad en sí, sin la mediación de la conciencia? ¿Existía la realidad antes de ser conocida? ¿Cómo nos podemos acercarnos a esta cuestión con alguna garantía?

Cualquier afirmación sobre la realidad requiere ya del secreto acompañante, las palabras las dice una conciencia y es otra la que las recoge.

El sentido común nos dice que las cosas ya están ahí y que nosotros solo venimos a recogerlas. La conciencia, entendida así, sería como un contenedor vacío que se llena, se llena de realidad. La conciencia también podría ser como un espejo para la realidad: su reflejo. Pero nos falla la analogía porque sigue faltando “ese alguien” que mire al espejo.

¿Qué ocurre cuando soñamos que nos “vemos” viendo y a la vez “vemos” aquello que “ese yo” está viendo? ¿Cuántas conciencias puede ser una única conciencia?

La conciencia, siempre esquiva, podría ser el reducto inasible del sentido. Un punto sin extensión, infinito y sin lugar, en definitiva un aparente imposible.

Un imposible esencial no obstante. Desde el punto de vista de la materia como fenómeno no tiene lugar, ni tiempo, ni ocupa espacio.

La conciencia podría vivir en un límite imposible pero virtualmente existente, no un lugar sino una mera posibilidad. Una simple hipótesis pero la más necesaria de todas.