La lógica del consumo II

Identificar “la pobreza” con el excluido o con alguna minoría étnica facilita evitar que se reproduzcan exigencias de reparto por parte de la población.

¿Se puede hacer una geografía del consumo? Pero no una que coincida con ciudades y países, continentes, rutas de comercio. Si no una que cartografíe más que los lugares físicos, los lugares conceptuales, sus fuerzas, compuertas, aperturas, flujos y magnetismos. Las rutas que crea y despliega, las planicies y los fosos que construye.

Pero una visión tan estática no refleja bien su funcionamiento. Necesitamos una descripción dinámica, independizar el propio proceso del consumo para describirlo en sus procesos de privación/promisión. Sus lugares estáticos y dinámicos.

Sería necesario contar con una Teoría de flujos de consumo. Imaginar el consumo como el flujo de un líquido con canales y compuertas. Una hidráulica. De ella surgirían mapas de consumo y de su funcionamiento, posibilidades de movimiento. Movimientos permitidos, prohibidos y flujos físicos dirigidos.

Obviamente la hidráulica del consumo es una parte de la más general del capital, y el reverso de la hidráulica de la producción. No obstante su lógica necesita de aspectos particulares, necesita de un sistema de protección integral de la mercancía, necesita de un sistema de promoción de la mercancía y finalmente necesita un sistema de puesta en relación de la mercancía con su consumidor.

Visión del paraíso

La mercadotecnia y el diseño de productos, ha elevado a nueva dimensión la mercancía, el colorido, la iluminación y la variedad emulan la sensación primordial de la visión de la naturaleza desnuda en toda su brillante variedad (la visión psicodélica de liberación percepcional).
Como en un viaje en el que la realidad primordial y la naturaleza mostraran todos sus colores desnudos y radiantes. Un encuentro con la proliferación y la exuberancia es la visión de los anaqueles atestados de productos.

Un paraíso de emociones lumínicas, de juegos de colores y formas, asequibles al ojo y a la mano, dispuestos en una ordenación lineal que genera perspectivas y ángulos. No hay lugar para la distracción, para el descanso, para el reposo. Ordenado según la razón, generoso como la madre naturaleza.

Las estanterías nos rodean, no hay espacio para distracción, todas las mercancías están ahí al alcance de nuestra mano, no hay nada fuera de ellas. En los grandes supermercados el techo está inasiblemente alto, demasiado para fijar la vista en él. Sólo mirando al suelo podrías evitar la visión del paraíso, pero evitar la mirada es un gesto y una actitud humanamente reprobable. Habría que estar mirando constantemente al infierno para no ver el paraíso.

En los supermercados el flujo corre desde lo superfluo hacia lo más necesario. Los alimentos que siempre han sido considerados básicos están en los lugares más inaccesibles y laterales. Lo innecesario es el protagonista central de la disposición teatral de la mercancía.

Las frutas y verduras no están, en general, empaquetadas. Su propia presencia es paradisíaca, no necesita de una mercadotecnia que la transmute, como un envoltorio convierte a un simple puñado de maíz seco, en una ración deseable de cielo.

Fuera de los flujos

Un golpe a la indiferencia, un giro de esquina ¿Por qué los mendigos siempre están tirados en el suelo, a ras de él? ¿Por qué nunca están subidos a algo, elevados, por encima de los transeúntes? ¿Qué historia esconde la mendicidad? ¿Por qué es una posición orante, suplicante, algo que está por debajo de nosotros?

Nos permite una visión superior, de señor. Cuando alguien pide erguido casi pensamos que nos roba. Animalizarse, arrastrarse, reptilizarse, para ellos es una obligación que nos ayuda a tranquilizarnos, la tranquilidad que proporciona el orden.

Imaginemos a unos mendigos subidos a cualquier cosa, como una plataforma elevada. La impresión que nos causarían sería aterradora (para nosotros), su vida y su significado se elevarían también, estarían más cerca de la verdad, más cerca de lo divino, por eso los necesitamos tirados por los suelos. Su realidad ontológica es menor y nos facilita la indiferencia.

La limpieza de mendigos, primer mandamiento de la lógica de una geografía de consumo. Sucia tarea de limpieza que la esfera económica no tiene reparos en delegar en el Estado. Tarea que este asume con placer, “el perro de aliento frío” es la infraestructura necesaria para el consumo.

Todo marginado social es una nota de advertencia, un signo a gritos de los límites del propio proyecto social. Una escalera descendente para aquellos que no cumplan con la lógica social. Pero al mismo tiempo tienen la utilidad de mostrar a la mayoría que aún existen límites inferiores a ellos mismos. Que el precio a pagar sería muy alto.

En este sentido no existe en este país (España) una minoría étnica que siendo tan escaso su número tenga un efecto dialéctico semejante: los gitanos.

Identificar “la pobreza” con el excluido o con alguna minoría étnica facilita evitar que se reproduzcan exigencias de reparto por parte de la población. Construidos en un espacio simbólico de desprecio e incomprensión se prefiere la escasez para todos antes que beneficiar a “esos parásitos a los que odiamos”. Como ideología de control es impecable.

La lógica del consumo I

The paradigm of disaster

The struggles of the present, are they not the extraction of the consequence of the disaster? No longer the exploitation of one class by another, nor the tension of the weak against the strong, but rather the denunciation of a system in constant danger of failure, of being shipwrecked in error and in systemic failure.

Ecology, climate change, economic and financial crisis, all human spheres seem to be on the verge of collapse. The “nature” itself, now colonized as a system that is perfected in its will to understand-dominate, understand-conserve, is in a state of systemic crisis. The economic system, the financial system, both built according to a structured set that ensures its own stability, like an entropic system that conserves its heat and is governed by complex mathematics. In the calculation of productive and consuming forces, the system fails, is not inclusive, does not absorb pockets of “poverty”, “gettos” that remain outside the system, which “errs” to the extent that it can not manage the total population and total forces.

Every counterculture affirms: “the system is in crisis”, all techno-politics affirms: “our system is stable”. Therefore, the struggle has shifted to the tension system-in-stability vs. system-in-crisis. All the powers to come will ensure a more stable system, that is the struggle.

But how have we reached this level of tensions? How has the critical and the stable become the reference in which to judge situations in all areas?

Rushed response: the domain of the techno-scientific interpretation of all reality and its consequent conversion into “system” offers the possibility, when the paradigm is completely dominant, to attack its tensions in the key of failure of the system.

REALITY = SYSTEM

(The real is systemic and the systemic is real)

The real is what enters the explanatory universe of a “system”. But not in a philosophical sense, as when we speak of a Kantian or Cartesian system. System is the technical-scientific entity crossed by mathematical and physical explanatory structures, created from the second half of the 19th century to the present day.

Statistics and complex mathematics are the tools that surround populations, such as the molecular structure of a gas when it warms up or the sound waves traveling through the air.

However, the indeterminacy inherent in these explanations generates a whole series of indeterminate unknowns and prefigures the possibilities of disequilibrium, of the overflow of quantifiable units. The exuberance of the variables and their continuous growth means that the systems do not bend to the dream of castrating them by introducing them into the universal resolver of all reality: “computer science”.

The computer is the promise of balancing every system by solving all variables, and driving them to equilibrium. The price is the reduction of all reality to the techno-scientific logic, to the system.