¿Cuándo algo empieza a ser un sonido?

Probablemente no exista algo así como un silencio absoluto físico, (y tampoco un sonido absoluto) pero podemos, no obstante, presumir que para nuestra percepción habitual: el sonido es aquello que irrumpe sobre un lienzo previo que solemos denominar silencio.

La capacidad de contrastar “marcos de percepción” nos permite crear incesantes lienzos sonoros que pugnan unos con otros para llegar a tener sentido por sí mismos. En juego con las intensidades podemos fijar la atención por encima o por debajo para centrarnos en un paisaje o conformación determinada.

Y es de esta manera como creamos “silencios”, por vaciamiento de lo previo gracias a la “atención a lo nuevo”. Y así, por contrastación con un “absoluto silencio” ideal, comienzan los sonidos a aparecer como entidades independientes y significativas en un cosmos propio, que generan y del que forman parte.

Es importante notar que el marco sonoro o el lienzo, si nos resulta más clarificadora la imagen, no aparece previamente y al margen, sino que es creación del propio sonido, su consecuencia. Cada sonoridad crea su entorno y su marco, esa es la magia.

No es por tanto un sonido una entidad física o fisiológica sino una acotación intelectual. Dentro de la amalgama casi caótica de cualquier percepción natural, necesitamos filtrar, por así decir, para preparar la captación, crear un marco siempre diferente en el que al fin aparecerá el sonido, con determinación propia.

Pero podemos recorrer el camino inverso y generar un “entorno” ya en sí abstracto y casi vacío que podemos llenar de elementos simples para entender así su cristalización en sonido y el significado que aportan a ese entorno.

Podemos comenzar por la génesis de un sonido, por su atomicidad primera, por el primer impacto que nos inocula significado e intuición.

La geometría nos ayuda a recrear las interacciones más puras, las proporcionalidades más sencillas, aquí es donde entra en juego la síntesis de sonido, que nos permite “purificar” sonidos. Recrear las tensiones energéticas más sencillas para “verlas” funcionar en un espacio de sonoridad.

Se sigue de este concepto de acotación intelectual del marco sonoro, que debe haber algunos elementos que “signifiquen” o que tengan “sentido” por sí mismos. Es por ello que se hace necesario buscar dichos elementos primarios o al menos aquellos que podamos identificar como primarios y esenciales.

Por lo tanto, algo comienza a “sonar” cuando alcanza su independencia del ruido de fondo absoluto y cobra entidad, cuando adquiere consistencia y comienza a tener un significado autónomo.

Así que es consecuencia inevitable según este marco genético sería comenzar con la contrastación de la pureza y la organicidad.

(Estados de Sonoridad)

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